El agua generalmente es considerada
como una sustancia química más.
Sin embargo, habría que considerarla
casi como un sistema viviente debido
a sus componentes bióticos relacionados
estrechamente con sus propiedades físicas
y químicas.
Entonces, además de los análisis
y controles químicos, es útil
y necesario efectuar controles microbiológicos.
El agua para consumo es sometida a rigurosos
controles en lo que se refiere a gérmenes
que pueden perjudicar la calidad sanitaria.
El agua utilizada en la industria puede
ser tomada de diferentes fuentes. En
algunos casos se pueden aprovechar varias
fuentes de agua a la vez y como consecuencia,
las distintas aguas pueden mezclarse
luego de una actividad industrial prolongada.
Considerando las características
del manejo del agua industrial, sumadas
al desconocimiento de los fenómenos
microbiológicos, o la subestimación
de los mismos, es inevitable que las
bacterias se encuentren en las instalaciones
tanto antiguas como nuevas.
La acción de las bacterias que
puede llevar en más o menos tiempo
a la destrucción de instalaciones
o partes de un sistema, se pondrá
de manifiesto en cualquier parte donde
haya hierro, manganeso, sulfatos, compuestos
orgánicos, etc. en presencia
de agua, dentro o fuera de las cañerías.
La diversidad bacteriana, su ubicuidad
y capacidad de resistir condiciones
adversas permiten que siempre haya algunas
que puedan proliferar en forma descontrolada
si no se toman las precauciones debidas.
En tal caso los microorganismos siempre
van a contribuir, por lo menos, a la
formación de lodos y depósitos
en las cañerías.
El agua utilizada en sistemas de refrigeración,
inyección para recuperación
secundaria de petróleo, sistemas
contra incendios, riego, contiene normalmente
microorganismos. Algunos, debido a su
metabolismo, producen sustancias nocivas
para los materiales desencadenando un
complejo fenómeno definido como
Corrosión Inducida Microbiológicamente
(C.I .M.), que es la causa
de importantes pérdidas económicas
en los países industrializados.
Este fenómeno puede acelerar
un proceso de corrosión ya establecido
o crear las condiciones favorables para
que comience. Ya no existen dudas, a
partir de los estudios que se han realizado
durante todo el siglo XX, de que deterioros
de mucha importancia, incluso en materiales
de alta resistencia, se deben en gran
medida a la acción de microorganismos.
Las bacterias involucradas en este fenómeno
se pueden desarrollar en el medio ambiente
del sistema industrial o bien sobrevivir
en estado latente hasta que se produzcan
condiciones favorables para su proliferación.
Es así que instalaciones nuevas,
al cabo de un tiempo en el que circula
-o permanece- agua con una carga bacteriana
desconocida, presentan síntomas
sin explicación aparente, como
pérdida de carga, obstrucciones
o directamente perforaciones cuando
son presurizadas.
Además de microorganismos responsables
de C.I.M. existen otros no menos peligrosos
para un sistema “limpio”,
como bacterias precipitantes de hierro
y otras, que mediante su actividad metabólica
y acumulación contribuyen al
paulatino ensuciamiento del agua, a
la disminución de secciones en
cañerías - llegando incluso
a la obstrucción total-, favoreciendo
su colonización biológica
y condiciones de hábitat para
el desarrollo de otras bacterias.
Últimamente los técnicos
de las distintas industrias en nuestro
país consideran seriamente los
problemas relacionados a la C.I.M. y
a la colonización de sistemas,
ductos y tanques.
El cuidado de los materiales de los
efectos de la C.I.M., para una mayor
eficiencia de los mismos, requiere mantener
un sistema microbiológicamente
“limpio”. Para ello se deben
identificar los microorganismos más
representativos de los problemas microbiológicos.
La contaminación microbiológica
puede tener una cantidad variable de
microorganismos y distintas clases pueden
estar presentes.
Los factores
que influyen en la corrosión
son los siguientes:
• El estado del sistema
Comprende el material de las cañerías,
alteraciones de la superficie, cambios
de secciones y velocidad de flujo, etc.
• La composición
del medio (agua).
Comprende la composición química
: O2, C2O, iones minerales, compuestos
orgánicos, etc. Todas sustancias
que pueden favorecer a distintas clases
de bacterias.
• Temperatura
Si bien los microorganismos tiene una
temperatura óptima de crecimiento
ubicada entre los 25º C - 30º
C, hay bacterias que se desarrollan
a altas temperaturas.
• pH
Este parámetro desempeña
una función importante. En general
el pH óptimo se encuentra alrededor
de la neutralidad.
• Luz
La luz puede favorecer el desarrollo
de ciertas bacterias y de las algas.
Otros Microorganismos
HONGOS
: son organismos heterótrofos
que pueden provocar importantes daños
derivados de sus actividades enzimáticas.
Estos daños se presentan como
el deterioro biológico de materiales
celulósicos o plásticos;
luego estos productos pueden ser utilizados
por algunas bacterias.
ALGAS : son organismos
autótrofos que se desarrollan
en presencia de luz. Proporcionan materia
orgánica necesaria para el crecimiento
de otros microorganismos. También
pueden secretar enzimas que atacan numerosos
substratos (madera, papel, etc.). Forman
lodos o sedimentos que pueden favorecer
a las bacterias anaerobias.